Nehemías fue el receptor de los sueños y las visiones de Dios en un tiempo muy crítico en la historia del pueblo de Israel. Fue un hombre esforzado y valiente que se comprometió a llevar a cabo la obra que Dios le había confiado. Nehemías servía como copero en el palacio del rey Artajerjes y gozaba de una buena posición social y estaba en una condición mucho más favorable que la de la gran mayoría de los judíos exiliados.

Dios despertó su espíritu y él entendió que su misión era reconstruir en un corto tiempo el muro en ruinas de la ciudad de Jerusalén. Nehemías pudo ver cómo Dios lo respaldó en todo lo que emprendió, pues le dio gracia frente a los ojos del rey, alcanzó una posición de respeto y honra ante el pueblo judío, discernió con qué espíritu operaban las personas, logró detener el mal y pudo mantenerse diligente hasta culminar su misión. Suprimido Nehemías vivía en el palacio del rey, lleno de comodidades y con un futuro financiero asegurado pero, al escuchar acerca de su pueblo, Dios quebrantó su corazón y lo moldeó con un nuevo amor para con Su obra.

Nehemías dejó su lugar de bienestar, se esforzó por reconstruir los muros de la ciudad y lo logró. Sintetizó su fe en ese gran desafío que tenía por delante diciendo: “El Dios de los cielos, Él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén” (Nehemías 2:20).

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7 OCTUBRE · EL DESPERTAR DEL VALIENTE GUERRERO

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