Dios prueba nuestro corazón por medio de la forma en la que ofrendamos. Precisamente el Señor dejó establecido principios sobre la importancia de dar. A Caín y Abel, Dios no les dijo que tenían que ofrendar, sino que ellos tuvieron una motivación profunda en hacerlo; fue así como Abel pensó que podía ofrecerle a Dios, ya que su intención era darle lo mejor al Señor.

Dios siempre pide una ofrenda con esfuerzo, no cualquier ofrenda, pues Él siempre anhela recibir lo mejor de nosotros. En la Biblia quedó registrada la ofrenda de Abel, porque él se determinó en dar lo mejor que tenía.

Él se preguntó que podría darle a Dios para tocar su corazón, fue así como pensó en el rebaño, tomó lo mejor de el y se lo presentó al Señor. Pensemos por un instante ¿Por qué ese rebaño se constituyó en la mejor ofrenda? Existe un significado y un trasfondo al respecto. Por medio de su ofrenda Abel le estaba diciendo a Dios que deseaba ofrendarle toda su vida, que quería morir por él, pero como no podía hacerlo, en su lugar le ofrendaría en sacrificio aquel animal con su sangre.

El escritor a los hebreos dice que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. Esa ofrenda que estaba presentando Abel se estaba constituyendo en el prototipo de Jesucristo. Cristo es la ofrenda de Dios, y se ofreció así mismo por la redención de la humanidad. Si Jesús no se hubiese ofrecido en sacrificio nadie sería salvo. Por eso la escritura dice: “Gracias a Dios por su don inefable, y Jesús es ese don inefable que se ofreció por nosotros”.

Solo hay un Dios, el Padre, y Jesucristo es el único camino para llegar a Él. Por eso Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie viene al Padre sino por mí”. Él se constituyó en el camino porque dio su vida por nosotros, pagando así el precio por nosotros. A causa de nuestros pecados merecíamos la muerte y la destrucción, pero un día Jesús tomó el lugar que debíamos ocupar cada uno de nosotros y se ofreció así mismo a Dios, para que todo aquél que en Él crea no se pierda mas tenga vida eterna.

Cuando aceptamos a Jesús en nuestro corazón, estamos ofrendándole a Dios lo mejor. Es como si nos presentáramos ante el Señor y le dijéramos que aceptara la ofrenda de su hijo Jesucristo. En otras palabras, es decirle a Dios: “Jesús da testimonio de que no me puedo presentar directamente ante ti. Me presento a través de tu Hijo. Acéptame a través de Jesús”.

Esa es la ofrenda que agrada y toca el corazón de Dios. Aquella ofrenda genuina.

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7 DICIEMBRE · DETERMÍNESE DARLE LO MEJOR A DIOS

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