7 DE DICIEMBRE · DÁNDOLE CONTINUIDAD AL MINISTERIO

Ser audaces fortalece el liderazgo, pero el obrar precipitadamente lo destruye. Discernir entre ambos es una tarea que el líder tiene que enfrentar. Nos gusta seguir a un líder audaz que sabe lo que está haciendo, pero no un temerario inconsciente.

Que Jesús se dirigiera a Sus discípulos y les dijera que dieran de comer a los cinco mil, puede considerarse como un paso bien audaz de Su liderazgo, pero no fue algo impulsivo. Él sabía que podía hacer que eso sucediera. Al decir: “Dadles vosotros de comer” (Marcos 6:37), Cristo Jesús hizo tres cosas que todo líder tiene que hacer en algún momento:

1. Impartió la visión de algo que sólo Él podía ver

2. Delegó autoridad completa a Sus subordinados para que cumplieran la tarea que tenían por delante

3. Les permitió compartir plenamente en el cumplimiento de la visión.

En el hogar, en nuestras iglesias, en el trabajo, en el campo educativo, en la actividad humana general, la gente busca un liderazgo audaz. La gente sigue al líder audaz si llegan hacer audaces ellos mismos. Los beneficios del liderazgo audaz continúan aun después que el líder haya desaparecido de la escena.

Jesús es el más grande y audaz de los líderes. Sus seguidores, particularmente los que están hoy en una posición de liderazgo, necesitan considerar la audacia como la norma, no como un estilo de liderazgo difícil de dominar y demasiado extraordinario, Lo repetimos, ser audaz, el que Jesús puso en práctica, se atreve a emprender grandes cosas con una gran fe para lograr un gran bien.

¡Siga líder audaz! ¡Sea usted uno de ellos!

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