La mejor manera de conocer a Jesús es a través de la Palabra de Dios. Mientras estudiamos las Escrituras, el Espíritu Santo trae revelación a nuestra vida, se encarga de abrir nuestro entendimiento, va quitando las vendas que nos cegaban a Su verdad. De este modo podemos saber qué es lo que Dios quiere que hagamos; a esto se refirió el proverbista cuando dijo que hallar el propósito es hallar la vida (Proverbios 8:35).

¿Quiénes son los que logran comprenderlo? Los que cuando reciben la Palabra de Dios no dejan pasar más tiempo sino que, con diligencia, consagran su existencia a Él para recibir el conocimiento de Su Palabra.

Si comprendiéramos que lo único que nos lleva a una vida de prosperidad es el contacto con Su Palabra, estoy seguro de que nos esforzaríamos por pasar más tiempo relacionándonos con ella, en vez de estar corriendo afanados por alcanzar la provisión diaria. Fue lo que el Señor dijo: “Las riquezas y la honra están conmigo; riquezas duraderas, y justicia” (Proverbios 8:18). Todo lo que anhela el ser humano y en lo cual invierte la mayor parte de su tiempo, está en Dios. Sin que tengamos que hacer alarde de ser personas honorables, el Señor se encarga de ponernos en un lugar de privilegio. “Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; y mi rédito mejor que la plata escogida” (Proverbios 8:19).

“Por vereda de justicia guiaré, por en medio de sendas de juicio, para hacer que los que me aman tengan su heredad, y que yo llene sus tesoros” (Proverbios 8:20-21). Él quiere bendecirnos en todas las áreas; somos nosotros quienes resistimos esta forma de bendición, tal vez se deba a que estamos acostumbrados a hacerlo todo con las fuerzas humanas.

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6 JUNIO · ANHELANDO CONOCER A JESÚS

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