Dios ha puesto en nuestra boca la autoridad para desatar vida o para traer muerte, para bendecir o para maldecir; nuestras palabras o edifican o derriban, animan o desalientan. Nuestras palabras se convierten en una profecía; son el camino que la persona traza, sobre el cual tanto ella como su familia tendrán que andar, y si expresa alguna palabra negativa, a través de ella ha trazado la ruta del destino de su familia o de sus generaciones.

Dios nos dio el gran privilegio de cambiar todas las circunstancias adversas en un fértil terreno de bendición a través de nuestras palabras. Con ellas podemos desmontar el tobogán que nos llevaba a las profundidades del infierno y construir la escalera que nos llevará a la gloria eterna.

Salomón dijo: “Te has enlazado en los dichos de tu boca, has quedado preso en lo que tú has dicho con tus labios” (Proverbios 6:2). Conforme a sus palabras acontecerá con su vida.

Algo que muchos no han entendido es la importancia de bendecir; la palabra “bendecir” significa “decir bien”. “Beraca” es un vocablo hebreo que significa “desear el bien a otra persona”. Con nuestras palabras podemos elogiar, halagar y motivar. Esto es más beneficioso que regañar, criticar, avergonzar y maldecir.

Determine desde hoy hablar palabras de bendición, que su lengua declaré constantemente las promesas de Dios para su vida y para las personas que le rodean.

declaracion6julio

verso6julio

oremos16junio

6 JULIO · ¿QUIÉN CONTROLA MI LENGUA?

|