Al nacer de Dios, la fe comienza a ser parte fundamental de nuestra existencia. Dios nos dio una semilla que vino a través de Su Palabra, fue depositada dentro de nosotros y ha ido creciendo. Cuando la semilla de Dios llega a nuestra mente y a nuestro corazón, podemos creer aquellas cosas que antes ni nos imaginábamos. Al nacer de Dios notamos que hay un desprendimiento de los asuntos de este mundo, pues lo que antes nos parecía placentero, ahora se ve grotesco y hasta produce repulsión; sin embargo, aquello que no nos llamaba la atención, como orar o leer la Biblia, viene a ser parte fundamental de nuestras vidas.

Al nacer de Dios emprendemos una carrera donde se requiere que mantengamos siempre muy en alto nuestra vida de fe para perseverar porque, de este modo, podremos llegar al final y alcanzar la meta.

Es a través de la fe como podemos relacionarnos de una manera permanente con nuestro Dios, quien en la persona del Espíritu Santo estará acompañándonos durante nuestro peregrinaje por este mundo. Según como nos esforcemos por mantener ese contacto con la Palabra de Dios, podremos tener control sobre nuestros pensamientos y sobre nuestros deseos. Aunque no veamos a Dios, Su cuidado y Su protección estarán presentes en nuestro diario vivir.

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6 ABRIL · CUIDANDO NUESTROS PENSAMIENTOS

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