6 DE JUNIO · LOS OJOS DE LA FE

Tess era una niña precoz de 8 años. Un día escuchó a su madre y a su padre hablar acerca de su hermanito Andrew, ella sabía que su hermano estaba muy enfermo y que su familia no tenía dinero y sólo una operación costosísima podría salvar a Andrew. Escuchó a su padre murmurarle a su madre, quien tenía los ojos llenos de lágrimas: “Solo un milagro puede salvarlo”.

Tess fue a su cuarto y sacó sus ahorros que tenía en un frasco de jalea lleno de monedas. Luego se dirigió hacia la farmacia del pueblo y le compartió al farmacólogo sobre la situación de su hermano; le dijo: “Su nombre es Andrew y tiene algo creciéndole dentro de la cabeza y mi padre dice que solo un milagro lo puede salvar. Así que, ¿cuánto cuesta un milagro?”. El hermano del farmacólogo, se inclinó y le preguntó a la niña:

“¿Qué clase de milagro necesita tu hermanito?”.

“No lo sé”. Contestó Tess. “Solo sé que está bien enfermo”.

“¿Cuánto dinero tienes?”- le preguntó el hombre de Chicago.

“Un dólar con once centavos”- contestó Tess en una voz que casi no se entendió. “Es todo el dinero que tengo, pero puedo conseguir más si lo necesita”.

“Pues qué coincidencia”, dijo el hombre sonriendo. “Un dólar con once centavos es justo el precio de un milagro para hermanos menores”.

Ese hombre era el Dr. Carlton Armstrong, un cirujano especialista en neurocirugía. La operación se efectuó sin cargos y en poco tiempo Andrew estaba de regreso a casa y de buena salud. Tess sonrió; ella sabía exactamente cuánto costaba un milagro: un dólar con once centavos más la fe de una pequeña.

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