6 DE JULIO · ESFORZÁNDONOS EN LA GRACIA

Fabio, un joven Brasilero, tenía que enfrentarse continuamente a un gran gigante en su vida: la timidez. Él prefería siempre mantenerse distanciado de todos, optaba por sentarse en las últimas sillas de la iglesia y le costaba mucho relacionarse, aún con sus compañeros de estudio. Sus padres no sabían qué hacer con él, aun en la iglesia la gente hacía muchas preguntas respecto a su situación. Hace ocho años sus padres lo motivaron a asistir a una de nuestras convenciones, él aceptó pero con algo de indiferencia.

Mientras estaba sentado escuchando una enseñanza en las graderías del auditorio, la Palabra de Dios comenzó a ministrar profundamente a su corazón; en el momento de la oración no logró llegar al frente, pues cayó al piso como fulminado por el poder de Dios. Al levantarse había sido completamente mudado en otro hombre; se sentía totalmente transformado, había recuperado su identidad. Cuando regresó a su país, en la iglesia todos se sorprendían y preguntaban dónde había ido Fabio, pues se veía completamente cambiado.

Este joven habló con sus padres y les dijo que él deseaba asumir la responsabilidad de los jóvenes en la iglesia; los padres estuvieron de acuerdo y le dieron su apoyo. En muy corto tiempo, la iglesia pasó de sólo tener unos pocos jóvenes a levantar un ministerio de cientos de jóvenes que están fielmente comprometidos con Dios.

Fabio Borsan

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