“Jehová cumplirá su propósito en mí” (Salmos 138:8a).

David tenía la plena certeza en su corazón de que no podía partir de este mundo hasta culminar su tarea. Sabía muy bien cuál era su misión en esta tierra y había visto cómo Dios lo había liberado sobrenaturalmente al pasar por diferentes pruebas. Cuando estuvo en su mayor angustia y clamó a Dios, Él le dio la victoria y lo revistió de un nuevo aliento para seguir adelante. David sabía que Dios no lo dejaría a mitad de camino, estaría con él hasta concluir su carrera. “He dispuesto lámpara a mi ungido” (Salmos 132:17b). David determinó no descansar hasta establecer la casa para Dios; convirtiéndose ésta en una obsesión, noche y día buscaba la dirección divina. David necesitaba saber cuál sería el lugar escogido por Dios para establecer Su morada. Cuando pudo oír Su voz revelándole que el sitio para Su casa serían los campos del bosque, entró al tabernáculo y se postró ante Su presencia en adoración.

Luego dijo a Jehová: “Levántate, oh Jehová, al lugar de tu reposo, tú y el arca de tu poder. Tus sacerdotes se vistan de justicia, y se regocijen tus santos. Por amor de David tu siervo, no vuelvas de tu ungido el rostro” (Salmos 132:8-10). El salmista anhelaba ver cómo Dios se mantenía fiel al pacto, permitiendo que sus descendientes se sentaran como reyes en el trono para siempre. Dios le recuerda que Sión es el lugar donde Él encontrará descanso, desde allí bendeciría abundantemente a Sus hijos y saciaría a los necesitados.

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5 OCTUBRE · IMPREGNADOS DE SU VOLUNTAD

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