A través de cada situación que vivimos Dios nos enseña a confiar cada día más en Él, sin importar la magnitud de la dificultad que estemos cruzando, el Señor nunca dejará de cuidarnos y darnos la victoria.

Un verdadero intercesor se identifica con el dolor ajeno, asume con responsabilidad y motivación la oportunidad de clamar con todo el corazón por las necesidades de aquellos que más necesitan la misericordia y el favor de Dios.

Cuando existe una genuina compasión oramos intensamente por los demás hasta que el Señor manifieste su poder y bendiga sus vidas. Esa verdadera compasión proviene de nuestra relación con el Espíritu Santo, llevándonos a clamar hasta que la mano de Dios se extienda con misericordia y traiga vida sobre aquellas personas que están muertas espiritualmente; en otras palabras, es un sentir por la intercesión donde perseveramos hasta ver una respuesta.

Recuerde siempre ir más allá y apropiarse de las necesidades que tienen los demás. Abraham Lincoln hizo esta distinción: «El carácter es como un árbol y la reputación su sombra. La sombra es lo que pensamos de ella; el árbol es lo verdadero». Invierta tiempo en las personas para llegar a conocer realmente sus necesidades y así interceder específicamente.

Martin Luther King, afirmó: «La medida definitiva de un hombre no es su posición en los momentos cómodos y convenientes, sino su posición en tiempos de reto y controversia». Su meta debe ser ayudar a la gente en los momentos donde necesitan una palabra de Dios, allí el Señor le utilizará como un verdadero intercesor. (1)

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(1) John C. Maxwell · «Seamos personas de influencia». Editorial Caribe 1998 · pg. 83.

5 NOVIEMBRE · MOVIDOS POR LA COMPASIÓN

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