“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” (Génesis 2:24·25).

Dios, que nunca se equivoca, nos creó con impulsos sexuales. ¿Lo hizo para atormentarnos? Obviamente no. Y en su Palabra estableció los parámetros para que la intimidad conyugal alcance su pleno desarrollo, otorgando bendición y no culpabilidad. La Biblia nos dice que los hombres de Dios fueron santos y tenían matrimonios saludables, gozando de relaciones perfectas con sus esposas.

El Señor aprueba el amor sexual solamente entre cónyuges. Por eso prevenimos a los jóvenes, contra la experimentación de aquello que está reservado para el matrimonio. Cuando la experiencia sexual se desarrolla en el marco conyugal, con una mente sana, sin malicia, la confianza mutua de la pareja crece mucho, así como la paz, el respeto, la seguridad y el amor.

He llegado a la conclusión de que los problemas íntimos de casi todas las parejas tienen que ver con el área de la mente, pues ahí es donde se levantan las mayores murallas de distanciamiento, que llevan a los matrimonios por la senda de la confusión, frustración o separación. Lamentablemente la información sobre la vida sexual, que llega a manos de la mayoría de los adolescentes no puede ser más incorrecta e inapropiada, pues los canales por los que fluye dicha comunicación tienen el toque de la maldad.

Como consecuencia muchos jóvenes y adolescentes se lanzan a explorar ese mundo nuevo, fascinante y peligroso. Algunos quedan atrapados en su pasado, y reciben las consecuencias de su propia curiosidad.

En el lado opuesto algunos extremistas religiosos llegaron a creer que la intimidad sexual con su cónyuge les restaba fuerza espiritual, y les hacía perder cierto grado de santidad; la intimidad sexual con su esposo o esposa les llenaba de sentimientos de culpabilidad.

Adán y Eva estaban desnudos, y no se avergonzaban. Había transparencia, había inocencia. Qué importante es que cada pareja recupere la inocencia perdida. Esto es posible si se restaura la relación con el Espíritu Santo, a través de la Palabra que nos ayuda a renovar la mente, llevándonos a una fuente genuina y verdadera.

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5 DICIEMBRE · ¿DÓNDE ESTÁ SU SEXUALIDAD?

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