Sin importar las batallas que estemos librando, al venir al Señor con nuestras cargas, en ese tiempo de intimidad con Dios en el lugar secreto, algo sucede. Sentimos el bálsamo de Su Espíritu inundando todo nuestro ser, al mismo tiempo podemos contemplar la Cruz y sentirnos crucificados junto con Jesucristo.

La debilidad se transforma en fortaleza y nos llenamos de una fuerza interna que antes no teníamos, sentimos que vuelve la energía y nos levantamos dispuestos a conquistar.

Recuerde usar a diario la armadura espiritual. “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11). Debemos vestirnos de toda la armadura de Dios para estar firmes contra las asechanzas del diablo, porque no tenemos lucha contra sangre y carne sino contra principados, contra potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo y huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

La lucha no fue declarada contra personas, sino contra los poderes demoníacos de maldad. San Pablo dijo que tomemos toda la armadura de Dios para estar firmes en el día malo. Es el día de la adversidad, el día de la prueba.

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5 ABRIL · CONTRA QUIÉN ES NUESTRA LUCHA

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