Josué recibió el legado de la generación anterior, y por imposición de manos, el liderazgo. El pueblo estaba muy dispuesto a caminar con Josué, es decir que en ellos no había problema. Sólo le dijeron que así como le habían obedecido a Moisés, lo harían con él, pero le pedían una pequeña cosa: Que la misma unción que Moisés tenía, esté en él.

La gente se quiere someter a los pastores, pero sólo piden una sola cosa: Que el pastor tenga la unción de Dios en sus vidas. Ellos quieren tener la confianza de que su pastor es verdaderamente un hombre de Dios, y todas las pruebas, luchas y dificultades las soportarán si saben que el pastor tiene unción. Josué cumplía ese requisito.

El Señor instó a Josué a levantarse junto con el pueblo. Dios lo estaba llamando a una nueva conquista; sin embargo, es el líder quien debe levantarse primero, luego todo el pueblo. El líder necesita el apoyo de su gente. Debe actuar como lo hacía Israel cuando salía a la guerra, como un solo hombre. Nadie debe estar quieto. Jesús dijo a Sus discípulos: “A la verdad la mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37,38). La mies representa la gran cosecha de almas que están a punto de su salvación.

Los creyentes de hoy en día deben agregar a la intercesión el ingrediente del trabajo, ayudar a recoger la gran cosecha que Dios nos ha preparado para este tiempo final. Sólo podremos lograrlo de una manera eficaz, si usted se compromete y decide implementar correctamente la Visión.

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4 AGOSTO · PROYECTÁNDONOS A LA CONQUISTA

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