4 DE JULIO · MÁS QUE VENCEDORES

En 1911, dos grupos de exploradores emprendieron una misión increíble. Aunque usaron estrategias y rutas diferentes, los líderes de los equipos tenían la misma meta: ser los primeros en la historia en llegar al polo sur.

Uno de los grupos fue dirigido por el explorador noruego Roald Amundsen. Antes de la salida de su equipo planeó su viaje con mucho esmero. Estudió los métodos de los esquimales y de otros experimentados viajeros del ártico y determinó que su mejor plan sería transportar todo su equipo y todas sus provisiones en trineos tirados por perros. Al reunir sus hombres, escogió expertos esquiadores y entrenadores de perros. Su estrategia era sencilla. Los perros harían la mayor parte del trabajo mientras el grupo avanzaba de 15 a 20 millas en un periodo de seis horas cada día. Esto daría suficiente tiempo, tanto a los perros como los hombres, para descansar cada día después de una jornada. La previsión y la atención que Amundsen dio a los detalles fueron increíbles.

El otro equipo de hombres fue dirigido por Robert Falcón Scott, británico. La expedición de Scott fue la antítesis de Amundsen. En vez de usar trineos tirados por perros, Scott decidió usar trineos motorizados y caballos. Sus problemas comenzaron cuando los motores de los trineos dejaron de funcionar a sólo cinco días de haber comenzado el viaje. Los caballos tampoco viajaron bien en esas temperaturas glaciales y tuvieron que sacrificarlos. La ropa estaba tan mal diseñada que todos los hombres sufrieron de congelación.

Finalmente, llegaron al polo sur el 17 de enero de 1912. Allí encontraron la bandera en Noruega que ondeaba al viento y una carta de Amundsen, quien había llegado primero a la meta ¡con más de un mes de antelación! De regreso todos los del equipo de Scott incluyéndolo a él, murieron.

Esto fue lo que él escribió: “Moriremos como caballeros. Creo que esto demuestra que el brío y el poder para aguantar no se ha ido de nosotros”.

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