Cada vez que Dios fija los ojos sobre algo es porque Él se ha agradado de ello. Abel dio lo mejor de su rebaño simbolizando que Dios, como el Creador de todo, merecía lo mejor de todas las cosas. En esta ofrenda estaba expresando el lugar que Dios ocupaba en su corazón; invirtió tiempo en seleccionarla, la preparó con anticipación, reflejando por medio de ella que amaba a Dios con toda su alma, toda su mente y todas sus fuerzas.

La única manera en que Abel podía manifestar su gratitud a Dios era a través de un acto sustituto. Dios se agradó por la claridad con que él lo había entendido, ya que el Creador un día también daría no sólo lo que más amaba, sino lo más preciado: Su Hijo Jesucristo. Quien como un ser indefenso sería llevado a la muerte y el derramamiento de Su Sangre sería el precio más alto que se haya tenido que pagar por la redención de la humanidad (Hebreos 11:4).

Pero Dios no miró con agrado a Caín y a su ofrenda. Esa ofrenda es un prototipo del esfuerzo que hace el ser humano para aquietar la conciencia, pero que por falta del sacrificio no alcanza a tocar el corazón de Dios. No aceptar la ofrenda implica que tampoco se acepta a quien la entrega, esto equivale a caer de la gracia divina. Caín sintió que al perder el favor de Dios lo había perdido todo, a pesar de ello, tomó el camino equivocado, pues en lugar de arrepentirse dejó que la amargura se apoderara de él cayendo en una profunda depresión.

Por no entender el valor de la ofrenda, escogió andar por un camino lleno de egoísmo y esto hizo que Dios lo echara de Su presencia. El mensaje de Dios para Caín fue muy claro: “Si no quieres caminar conmigo, tampoco Yo voy a caminar contigo”.

Dios tuvo que ponerle una señal para que nadie lo matara. Una marca, un sello no físico sino espiritual (porque Dios es Espíritu). De modo que cuando la gente veía a Caín, percibía la marca que él tenía en su espíritu. Esta señal espiritual identifica a las personas. Cuando usted escucha el nombre de Moisés, ¿qué piensa? En el libertador y legislador del pueblo de Israel.

Al hablar de Abraham, ¿qué piensa? En el padre de la fe. Satanás conoce el valor de esta señales por eso intenta dañar las vidas desde la niñez; usa los traumas para marcar a las personas con rechazo, falta de amor, inseguridad y temor. Pero en la parábola del buen samaritano, Jesús nos enseña que Él vino a vendar las heridas del corazón, a sanarlas y a quitar la marca negativa para poner el sello de Su Espíritu en cada uno de Sus hijos. Luego Dios consuela a la primera pareja dándoles otro hijo a quien pusieron Set por nombre, y tomó el lugar de Abel. Dios dejó que la luz resplandeciera en aquella familia, pues fue después de que Set engendró a Enós que los hombres empezaron a invocar a Dios. (Génesis 4:25-26).

Aunque parezca increíble, la ofrenda que demos a Dios es la que determinará nuestro destino; porque de la manera como ofrendemos, estaremos aceptando o rechazando la ofrenda que Él nos hizo al entregar a Su Hijo por nuestra redención. (Juan 3:16).

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3 MAYO · EL DIOS ALTÍSIMO (EL ELYON)

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