La mejor medicina para el corazón es el perdón. Las cadenas más fuertes las rompe el perdón y la mejor manera de representar el perdón es a través de la Cruz. “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado” (Salmos 32:1).

Cuando una persona es atormentada por el espíritu de culpa, puede vivir la experiencia más tormentosa, llena de opresión y aflicción; todo esto causado por el pecado. Una persona en esta condición se ve sometida a una vida miserable.

El rey David tuvo su caída, el pecado logró sacarlo del propósito de Dios y de alguna manera trató de ocultarlo, perdiendo la vitalidad de su vida espiritual, hasta que no pudo más y fue confrontado, puesto en evidencia aquello que creía que nadie sabia. Esta confrontación le sirvió para salir del letargo espiritual que se encontraba y acudir a la misericordia de Dios. El rey estaba en una caída libre, por eso en uno de sus Salmos acude al arrepentimiento y el favor de Dios. “Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado” (Salmo 51:2). Reconoció que había una suciedad que con nada podía ser limpiada, sino solo con la sangre de Jesús. Lo que se había agolpado sobre su vida era doloroso, no solo sentirse sucio, sino separado, y sin la presencia del Espíritu de Dios.

Cuando el pecado y la culpa vienen son innumerables las perdida, por eso David en ese instante tuvo que reconocerlas y clamarle al Señor por misericordia, de esta manera recuperaría su comunión con Dios. El milagro sucede cuando podemos experimentar el perdón y la limpieza por medio de la sangre del cordero de Dios, hoy es el día para que puedas experimentar ese milagro.

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3 MARZO · LA MEJOR MEDICINA

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