Al Señor Jesús le tomó tres años y medio dar forma a las doce personas que había seleccionado para ser Sus discípulos. Él tuvo que cavar profundamente en sus vidas, así como el constructor tiene que hacerlo según el edificio o la casa que desee levantar. Como el arquitecto entrega una maqueta al constructor para que se sujete a lo que él desea, Jesús tuvo que dejar a Sus discípulos un modelo de vida al cual ellos debían proyectarse.

Cuando discutían cuál de los doce sería el más grande, Jesús les preguntaba sobre lo que discutían en el camino y no sabían qué responderle. Él toma un niño y lo pone delante de ellos y les dice que aquel que quiera ser el más grande, tenía que ser como ese niño (Lucas 9:46-48). Les enseñó la manera correcta de ofrendar, pues la ofrenda que agrada a Dios es la que se da con esfuerzo (Lucas 21:1-4).

Les instruyó a poner por encima los valores del Reino de Dios antes que la parte afectiva (Lucas 14:25-28). Les habló acerca de la importancia del servicio y de mantener el corazón humilde (Juan 13:14-17). Jesús nunca vio el trabajo con los doce como una carga o una tarea pesada, por el contrario, disfrutaba cada momento que podía compartir con ellos. Sus discípulos lo amaron porque veían Su sinceridad y Su dedicación hacia cada uno de ellos, pues llegaron a captar toda la atención de Él.

A las demás personas Jesús les hablaba en parábolas, pero a ellos les revelaba todas las cosas. Fue tal la impartición de vida que el Señor les transmitió que luego la gente veía en ellos los mismos rasgos del Maestro (Marcos 14:70).

Antes de ascender al cielo, el Señor reunió a Sus discípulos y observó que faltaba algo para culminar la obra en ellos. El soplo divino para que pudieran hacer el trabajo evangelístico en las diferentes naciones de la tierra. Por eso les dijo: “Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20:21-22).

Aquellos apóstoles al tener contacto permanente con Jesús, fueron viendo en Él un modelo a imitar. Aunque todos eran conscientes de que no podrían superarlo, querían esforzarse por igualarlo. El Apóstol Pablo dijo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1).

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3 JUNIO · LA BENDICIÓN DEL SERVICIO

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