“Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sion; vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa”. (Isaías 52:1b)

Cuando Dios dice dos veces lo mismo es porque el asunto es urgente. En esta cita al parecer se habla de un período donde el pueblo cayó en un letargo espiritual, allí vino como una especie de adormecimiento e indiferencia sobre las personas. El Señor llama a la iglesia a despertarse, ese despertar significa específicamente ponerse las vestiduras; por eso el Señor habla de: “vístete de poder, ponte tu ropa hermosa…”.

Uno de los grandes ejemplos lo encontramos en la época de la reina Ester. El malévolo Aman logró engañar al rey Asuero para que este firmara una ley que tenía como objetivo exterminar a todos los judíos que vivían en Persia, ley que afectaba también a la reina Ester, aunque cabe recordar que nadie sabía que ella era judía.

Después de haber ayunado tres días con todas sus doncellas, Dios la ilumina y es así como Ester decide cambiar sus vestiduras de duelo y ataviarse de ropas de gala. De esta manera decidió entrar en el patio interior de la casa del rey, específicamente enfrente del aposento del rey. “… y estaba el rey sentado en su trono en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento”. (Ester 5:1)

“Y cuando vio a la reina Ester que estaba en el patio, ella obtuvo gracia ante sus ojos; y el rey extendió a Ester el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces vino Ester y tocó la punta del cetro. Dijo el rey: ¿Qué tienes, reina Ester, y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino se te dará”. (Ester 5:2·3).

¿Qué fue lo que movió el corazón del rey? El ayuno y la oración, pero también el cambio de vestiduras, lo que representa un cambio de actitud interna en el corazón; en otras palabras lo que significa es una firme determinación de estar plenamente alegre, pues la alegría del corazón hermosea el rostro. (Proverbios 15:13).

Por otro parte, Mardoqueo el tío de la reina, utilizó otra estrategia que le fue de poca ayuda: “Luego que supo Mardoqueo todo lo que se había hecho, rasgó sus vestidos, se vistió de cilicio y de ceniza, y se fue por la ciudad clamando con grande y amargo clamor. Y vino hasta delante de la puerta del rey; pues no era lícito pasar adentro de la puerta del rey con vestido de cilicio”. (Ester 4:1·2).

Una de las preguntas que el Señor le hizo al patriarca Job fue: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia”. (V. 4). Y luego añade: “Cuando alababan todas las estrellas del alba», en otra versión dice: “Tu no estabas allí, mientras cantaban las estrellas y los ángeles danzaban”. (V. 7 TLA).

Toda la creación fue hecha en medio de la alabanza y la danza angelical. Cuando Jesús entró en el templo los líderes religiosos se incomodaron por el espíritu de alabanza que había en los jóvenes. “Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron, y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman Perfeccionaste la alabanza?” (Mateo 21:15·16).

El Señor Jesús estaba mencionando aquel texto que se encuentra en el Salmo 8:2, donde dice: “De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, A causa de tus enemigos, Para hacer callar al enemigo y al vengativo”.

Podemos ver que la alabanza levanta murallas de fortaleza y a la vez el adversario es neutralizado completamente. El apóstol Pablo dijo: “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden”. (2 Corintios 2:14·15).

Si mantenemos una actitud de alabanza y alegría, Dios nos mantendrá siempre victoriosos.

El Señor quiere hacer pacto con nosotros. “… y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David” (Isaías 55:3). El pacto es un acuerdo entre dos o más partes.

El mismo pacto que Dios estableció con David, quiere extenderlo a cada creyente. “Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma…” (Isaías 55:3). Dios desea que conozcamos Su Palabra y la obedezcamos. Él nos cuidará y extenderá Su misericordia de la misma manera que lo hizo con David.

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