“Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él” (2 Crónicas 16:9).

No había otro rey como Asa, nadie se explicaba cómo, con tan pocos soldados, había logrado vencer al poderoso ejército etíope. Pero Asa e Israel sí lo sabían; él se había apoyado en Dios y el Señor peleó por él, desbaratando a su poderoso adversario en un instante. Mas cuando se encontró ante otra gran batalla, decidió apoyarse en Benadad rey de Siria e hizo alianza con esta nación pagana, olvidando que Dios les había prohibido hacerlo. Por tal motivo, el Señor tuvo que enviar al profeta Hanani para exhortar al rey, diciéndole: “Locamente has hecho en esto; porque de aquí en adelante habrá más guerra contra ti” (2 Crónicas 16:9). Asa perdió la oportunidad de derrotar a la nación que ejercía mayor opresión en contra de Israel. Por lo tanto, se llenó de ira contra el profeta, lo encarceló, y oprimió a parte del pueblo.

Además, cuando enfermó de los pies, no se apoyó en Dios, sino que buscó a los médicos y murió. (2 Crónicas 16:12·13). Uno de los grandes evangelistas que tuvo este mundo fue Moody quien, alguna vez, escuchó a un predicador decir: “El mundo todavía no ha visto lo que Dios puede hacer con un hombre completamente rendido a Él”. Hizo suyas esas palabras, y dijo: “Ese hombre soy yo”. Luego se convirtió en uno de los evangelistas más fogosos de su época. El salmista dijo: “Servid a Jehová con temor y alegraos con temblor” (Salmos 2:11). El temor a Dios es obrar de una manera correcta, y esto implica no hacer lo malo; aunque como seres humanos muchas veces tenemos que enfrentar cierto tipo de temores.

Un día, mientras caminábamos por uno de los parques de Orlando, dije a un pastor amigo que nos subiéramos a una de las montañas rusas. Cuando miré su rostro, lo vi pálido, al punto que pensé que algo le había pasado y le pregunté si se sentía bien. Me dijo: “Es que le tengo miedo a esas montañas y no creo que sea capaz de subirme”.

Solté la risa y le dije: “Gracias a Dios que es eso y no es nada grave”. Y este hombre, como si estuviera en pánico, me dijo: “Por favor, pastor, no vaya a pedirme que suba a esa montaña”. Cuando se tranquilizó, dije: “¿Le gusta la velocidad cuando maneja?” Y me dijo: “Por supuesto”. “Usted me está dando la razón, una montaña rusa es como manejar su auto a una gran velocidad, pero sin el peligro de que vaya a cometer una infracción por exceso de velocidad”. Lo motivé a disfrutar de esa atracción y le recomendé que tratara de no cerrar los ojos, “pues usted debe saber por dónde está conduciendo su vehículo”. No solamente fue libre de ese temor, sino que pudo disfrutar de las diferentes atracciones que brindan esos parques.

Algunos piensan que temer a Dios es sentirle pánico, pero es todo lo contrario, porque el temor a Dios es disfrutar de una excelente relación con Él.

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30 DE ABRIL · BENEFICIOS DEL TEMOR A DIOS

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