30 DE DICIEMBRE · APRENDIENDO A DEPENDER DE DIOS

Cierta vez, un conductor se desplazaba por una de las carreteras de Estados Unidos a una velocidad excesivamente alta, cuando de repente, justo después de una curva, aparece un hombre parado y de una forma desesperante. El conductor sorprendido y a la vez asustado, toca insistentemente la bocina para ver si el individuo se quitaba del camino, pero fue inútil, el hombre seguía haciendo señales de detenerse con sus brazos. – “Debe estar loco”, dijo el conductor mientras pisaba el freno provocando un fuerte chirrido y dejando dos largas marcas negras en el pavimento, logrando así detener el auto de atropellar a aquel hombre.

Muy enojado, se baja del carro y dando un portazo se dirige hacia el hombre y le dice: “¿Acaso no tiene ojos, no ves lo peligrosa que es esta carretera y te atraviesas en ella como si nada, o acaso no te das cuenta del peligro que corres?”. – “No Señor, no estoy loco – le contestó el individuo-. Lo que pasa es que el puente que está en la próxima curva acaba de desplomarse y sabía que si no hacía algo usted en este momento ya estuviera muerto; tuve que arriesgar mi vida para ver si podía salvar la suya”.

Quizás en la carretera de tu vida hay “alguien” que te ha obstaculizado el paso. Quizás una prédica, la voz del Espíritu Santo, tu pastor, tu líder, ¿qué habría pasado si el conductor hace caso omiso al individuo del camino? ¿Qué crees que pasará a los que oyen la advertencia de la Palabra de Dios y no hacen caso? Afírmate en Dios y en Su Palabra.

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