3 DE SEPTIEMBRE · LA PROMESA CAMBIA NUESTRA NATURALEZA

“Nos acercamos y le pedimos al Pastor Castellanos que orara por nuestro hijo Alan, de tan solo cuatro años de edad, que adquirió una bacteria en el hospital conocida como estreptococo. Esa bacteria se regó por todo su cuerpo y dañó todos sus órganos, su piel, su sangre porque se desarrolló de una manera muy rápida; el niño estaba completamente brotado.

El Pastor Castellanos oró por un pañuelo y aplicando la Sangre de Jesús sobre él y dio la orden de que, cuando esa prenda entrara en contacto con el cuerpo de Alan, el mal fuera desalojado de su vida. Ese mismo día por la mañana fue cuando los médicos nos dijeron que ya habían encontrado la bacteria en el cuerpo de nuestro hijo. Él estaba muy inflamado, ya no se le veía el cuello pues éste se juntaba con el rostro y tenía un brote desmedido. Sus manos y pies ya estaban morados, el corazón no alcanzaba a bombear la sangre necesaria; esto sucede cuando se coagula la sangre y las arterias se tapan y el corazón ya no bombea.

Cuando llegamos con el pañuelo, lo pusimos sobre el pecho del niño y declaramos la sanidad sobre él por causa de la Sangre de Jesús. Dios guardó a nuestro hijo pues por causa de esa enfermedad, sus dos manos parecían guantes negros; lo mismo había sucedido con sus dos pies, parecía que tuviese medias negras, por causa de la necrosis. Y aunque los médicos habían decidido amputar, Dios no lo permitió, pues su sanidad llegó de una manera sobrenatural y muy rápida.

Al ver a nuestro hijo, quien es un tremendo deportista, solo podemos darle las gracias a nuestro Dios, y no nos cansaremos de alabarlo con todas nuestras fuerzas, porque Sus promesas permanecen para siempre”.

Testimonio de Sergio y Diana

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