3 DE JUNIO · RENOVANDO NUESTRO ANDAR CON DIOS

El evangelista Reinhard Bonke compartió:

“A penas había empezado mi trabajo en África el Señor decidió probarme. Una señora me invitó a su casa. Al llegar todo hablaba de riquezas, era un lugar hermoso y opulento. La dueña al saludarme expresó: “Realmente deseaba conocerlo, lo he estado observando hace un tiempo”. Fue directo al grano y dijo: “Quiero financiar sus campañas evangelísticas en esta Nación”.

Creo que en ese momento hasta me olvidé de respirar; me mostró los documentos que enunciaban sus bienes: acciones en minas de hierro, una mina de diamantes, etc. Era como encontrarse con Rockefeller. Y agregó: “Mi deseo es formar una fundación y dar la mitad de mis bienes a la obra de Dios. ¿Estaría usted dispuesto a formar parte de la mesa directiva de la misma? Todo este dinero será usado en el servicio del Señor ¿Acepta usted la propuesta?”.

La oferta era tentadora, pero lo sometí todo a Dios en oración y tuve un sueño donde Él me mostró el peligro en el cual me encontraba. Al encontrarnos nuevamente con la señora, le manifesté que declinaba su generosísima propuesta y le dije: “Entregue sus millones a otro; Dios no quiere que tenga ese dinero”; sentí como un gran peso fuequitado de mi espíritu. Parecerá extraño, pero el Señor me mostró mis verdaderos bienes: las promesas de Su Palabra.

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

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