El matrimonio es la extensión del carácter divino. Con mi esposa Claudia llevamos treinta y cuatro años de matrimonio y durante todo ese tiempo hemos visto la bendición de Dios sobre nuestras vidas y nuestra familia. Una de las preguntas que ella me hizo unos meses atrás fue: “Si pudieras retroceder el tiempo ¿Qué cosas tú cambiarías? Mi respuesta fue: “Lamento los años en que no te escribí ni un solo poema; si retrocediera el tiempo me esforzaría de una manera diligente en ponerle frases a mis sentimientos para poder expresarlos de una manera continua”.

Debido a que tuve que viajar mucho el año pasado sin que mi esposa me acompañara, le escribí unas palabras que me gustaría compartir con ustedes:

“Amada esposa mía, no te imaginas la falta tan grande que me haces, pues el estar a tu lado trae tanta fortaleza a mi alma que cada instante que paso contigo es como si estuviera en el paraíso. Cada palabra que compartimos juntos van entretejidas de tanta firmeza, con ellas construimos el camino que nos lleva a la eternidad. Dios te dotó de una gracia tan especial que a tu lado jamás podrá haber monotonía, pues tu misma vida está cargada de tanto optimismo, que aún en los momentos más difíciles, no te dejas impresionar por las circunstancias, sino que siempre tienes una palabra de ánimo y de esperanza.

Somos la familia más afortunada, pues Dios se agradó de nosotros que nos dio ese hermoso regalo que eres tú, como un ángel venido del cielo, pues sabes mover la esfera espiritual, y tienes esa capacidad de atraer a los ángeles para que trabajen a nuestro favor. Extraño tu sonrisa, tus caricias y tus besos. Tú me inspiras, me motivas, me confortas. Eres belleza y dulzura; eres paz y ternura; eres bondad y nobleza, eres amor y grandeza; eres un himno a la fe; eres un ejemplo de obediencia. Sé que Dios te trajo a mi vida como dándome un anticipo de lo que viviré en la eternidad. Amada mía, has sabido cautivar mi corazón, eres como el libro de Ester, que no nombra a Dios en ninguna de sus páginas, mas en todo su contenido lo demuestra; así es tu vida, no necesitas hablar de Él, porque en todo lo que tú eres reflejas la grandeza de Dios.

Cuánto desearía tener la sabiduría de Salomón para poderte expresar con frases sabias, y bien hilvanadas, los sentimientos de mi corazón. Desearía tener la elocuencia de Apolos para enternecer tu corazón con cada una de mis palabras. Además estoy seguro que la obra de Shakespeare es una simple caricatura, comparada con el amor que siento por ti y en un lenguaje sencillo, te pido que aceptes no sólo mi amor, sino mi compromiso de alegrar tu corazón cada instante de tu vida. Y gracias por ser como tú eres, pues en nada tienes que cambiar. Te amo”. César Castellanos

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2 OCTUBRE · UN SUEÑO HECHO REALIDAD

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