“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. (Génesis 1:2).

Mi hijo Matías, de tan solo seis años, me preguntó: “Papi ¿Quién es el Padre de Jesús?”. A lo que respondí: “El Padre celestial”, al instante me dijo: “Y ¿Quién es el padre de padre celestial?”, le dije: “Dios no tiene padre, pues en él se originó todo. El Señor fue quien decidió crear todo el Universo”. Después de mi explicación, Matías quedó totalmente satisfecho. Simultáneamente con la creación de los cielos y de la tierra, el Señor creó a los seres angelicales; dentro de ellos estaba Lucifer, quien tenía a su cargo la protección de cierta cantidad de ángeles en esta tierra.

Cuando el adversario decidió revelarse contra Dios, logró engañar a una tercera parte de los ángeles. Fue tan grande la soberbia del adversario al pretender querer derrocar al autor de la vida; no obstante, por causa de la rebelión del adversario, Dios tuvo que destruir la tierra, ya que este era el lugar asignado por el Señor para que fuera protegido por aquellos ángeles. Por este motivo la tierra estaba desordenada y vacía. Fue así como el Señor se dio a la tarea de renovar la tierra. (Salmos 104:30).

Simultáneamente, mientras Dios trabajaba en las aguas, el adversario trabajaba en los abismos. Pues donde hay tinieblas, hay abismos. El agua es un prototipo de la vida y es ese uno de los motivos por los que el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

Debemos entender que la voluntad de Dios es que las personas se mantengan lejos de los abismos, y sí muy cerca del Espíritu Santo. Cuando logramos mantener ese nivel de comunicación con Dios, a través de las visiones y los sueños, es como si estuviéramos invitando al Espíritu de Dios a que se manifieste en nuestras vidas.

Si nunca ha soñado, es importante que le pida al Señor que le otorgue esa bendición, sé que de esta manera podrá conquistar todo aquello que desea.

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(1) John C. Maxwell · “Seamos personas de influencia”. Editorial Caribe 2000 · pg.  30.

2 DICIEMBRE · EL ESPÍRITU SANTO ENGENDRA LOS SUEÑOS

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