Deseo compartir en este día una gran reflexión de mi esposa Claudia, que con seguridad Dios usará para tocar y hablar a su vida de una manera especial.

Después de veintiún años de ser cristiana viví una experiencia que se convirtió en mi quebrantamiento: fue la derrota electoral al Senado de mi Nación en 1994. Una vivencia dolorosa, pero que me condujo a entender literalmente lo que dice la Biblia acerca de “… ¡si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero si muere, produce mucho fruto!”.

Aparentemente venía llevando una vida exitosa: esposa del pastor de una de las iglesias más grandes de Colombia, un hogar hermoso, con hijas maravillosas, senadora de la República y sin problemas financieros, etc. Mas no había pasado por el quebrantamiento. Me dispuse a volver al Congreso y en las encuestas electorales de 1994 aparecía como segura ganadora con toda la potencialidad para ocupar los primeros lugares; no obstante, para sorpresa de todos y mi decepción personal, perdí faltándome sólo cien votos para conservar la curul. Creo que fue esa la primera vez en la vida que me sentí frustrada, derrotada.

Al pensar en el quebrantamiento de Jacob que duró sólo una noche en la que se mantuvo peleando con un ángel hasta que logró su bendición; con relación al mío que se prolongó por casi un año, durante el cual experimenté el trato divino. Pasaba días enteros en mi cuarto de oración, instantes depresivos en los que veía a mis enemigos espirituales burlándose de mi situación y como esto me molestaba; a través de la lectura de la Biblia Dios me daba a entender que tenía un ego muy grande, y eso tenía que morir. No tenía deseos de hablar con nadie, excepto con César, aunque no le compartía lo que sentía internamente porque en el quebrantamiento se está solo con el Señor.

Me arrepentí, reconocí que había estado viviendo en el plano natural y no en el espiritual, que sin Dios era nada, que no tenía fuerzas sin Él. Durante todo este tiempo escuché la voz de Dios. diciéndome: “¡Hija, te he traído a esta tierra porque desde ahora escucharás Mi voz. Todo lo que has vivido hasta hoy ha sido simple preparación. De aquí en adelante comienza tu ministerio!, es decir cambio mi ADN”.

Claudia Rodríguez de Castellanos

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29 SEPTIEMBRE · HACIENDO QUE LO AMARGO SE VUELVA DULCE

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