“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. (Lucas.6:38)

Debemos entender que una de las maneras como nosotros podemos relacionarnos con Dios es a través de la ofrenda, este es el termómetro que el Señor usa para medir el nivel de fe de las personas. Salomón dijo: “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Proverbios 3:9·10).

El apóstol San Pablo dijo que más bienaventurado es dar que recibir, de igual manera el Señor afirma que nadie se presentaría ante Él con las manos vacías. Tenemos el ejemplo de Abel quien no sólo dio una buena ofrenda, sino que buscó dar la mejor, porque entendió que siempre debería entregarle lo mejor a Dios.

El hombre que desea obsequiarle a su mujer una hermosa joya, debe pagar un precio por ella, de igual manera el hombre que quiere darle lo mejor a Dios, debe estar dispuesto a pagar un precio. El Señor dijo: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:30).

Una buena ofrenda es un mensaje de amor con el cual combinamos nuestra parte espiritual, emocional y física en un solo detalle. Cuando damos a Dios no lo hacemos esperando a recibir algo a cambio, sino que le estamos dando por medio de esta expresión nuestra total adoración. Abel entendió que la ofrenda correcta implicaba un sacrificio. Y escogió de esta forma lo mejor del rebaño para que representara su entrega total a Dios.

El Señor Jesús dijo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

La manera como el Señor demostró Su amor hacia este mundo, fue dando en sacrificio a Su único Hijo. Cuando damos lo mejor de nosotros a Dios, le estamos retribuyendo de alguna forma esa ofrenda de salvación que Él nos dio. Cuando Dios probó a Abraham y éste estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo, el Señor se agradó tanto de esto, que le dijo: “Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos” (Génesis 22:16·17).

Las ofrendas se convierten en argumentos a favor nuestro. Usted recordará el caso del centurión, cuyo siervo estaba postrado en cama muy enfermo, y los ancianos de Israel abogaron por él ante Jesús, diciéndole: “Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. Y Jesús fue con ellos” (Lucas 7:5·6). Cuando Jesús escuchó de la ofrenda que él había dado, inmediatamente fue con ellos.

Recuerde que Dios escudriña los corazones. Cuando Jesús entró en el templo, mientras sus discípulos se fijaban en cuánto ofrendaba la gente – es decir, en la forma externa de la ofrenda – en ese instante el Señor por el contrario escudriñaba los corazones. A los que aparentaban ser muy generosos, el Señor los identificó como mezquinos porque daban a Dios de lo que les sobraba. Sin embargo, a aquella mujer que dio la impresión de haber dado muy poco, el Señor la alabó porque su ofrenda había superado la de los demás, pues la había dado con esfuerzo.

El deseo de Dios, nuestro Padre, siempre ha sido bendecirnos de una manera integral. Él anhela bendecir nuestro espíritu, alma y cuerpo. También desea proveer para cada una de nuestras necesidades. Muchas personas batallan en sus mentes, porque no creen que Dios pueda suplirlas y piensan que, para prosperar, tienen que sólo trabajar duramente, son personas que aún no han comprendido que la prosperidad ya fue conquistada en la Cruz.

Satanás procura que ellas no vean las bendiciones porque él se deleita viendo a los hijos de Dios en pobreza pero hoy sus ojos espirituales deben abrirse y reconocer que ha sido engañado por mucho tiempo, debe renunciar a los argumentos que el adversario ha traído a su vida y creer firmemente en las promesas de Dios.

La prosperidad debe venir como resultado de haber llevado una vida recta y justa. “El deseo de los justos es solamente el bien” (Proverbios 11:23).

En la medida que nos relacionemos con Dios, mayor será Su bendición sobre nuestras vidas.

declaracion29octubre

verso29octubre

 

temasoracion6sept

 

29 OCTUBRE · CÓMO ALCANZAR LA PROSPERIDAD

|

157 comentarios