“El hombre sabio es fuerte, y de pujante vigor el hombre docto” (Proverbios 24:5).

¿Qué puede hacer un hombre sabio frente a la adversidad?

Tenemos algunos ejemplos al respecto y uno de ellos es el del rey Josafat, rey de Judá, que se encontró ante el ataque de los Moabitas, Amonitas y los del monte de Seir, quienes se unieron para invadir el territorio de Judá.

Josafat en medio de la adversidad decidió refugiarse en Dios y elevó una oración diciendo: “¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos”. (2 Crónicas 20:12).

Como resultado de la oración y el ayuno del pueblo vino la respuesta inmediata de parte del Señor, fue así como el Espiritu Santo a través de uno de los profetas le dijo a Josafat y a la nación de Judá: “No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios”. (V.15).

Dios se apersonó de la necesidad del rey y el pueblo, decidiendo entrar en guerra contra aquellas naciones paganas. Posteriormente Josafat, ya fortalecido en el Espíritu, dijo: “Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados”. (V.20).

El rey motivó al pueblo y a sus ejércitos para que creyeran con todo su corazón la palabra que el Señor les había dado; con esta confianza debían salir a la guerra, sin importar el tamaño del ejército enemigo. Y luego puso algunos a que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, diciendo: “Den gracias al Señor; su fiel amor perdura para siempre”. (21 NTV).

Que gran entendimiento espiritual tuvieron Josafat y sus asesores, pues cuando se reunieron para tomar una decisión, al respecto, no lo hicieron basados en la preocupación, ni en las circunstancias, sino en la palabra que Dios les había dado. De igual manera, invitaron al pueblo a que le agradeciera al Señor y celebraran como si ya hubiesen ganado la guerra.

Dicha estrategia funcionó, pues los tres ejércitos enemigos fueron confundidos, destruyéndose entre ellos mismos.

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29 NOVIEMBRE · EL LIDERAZGO QUE PERDURA

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