“En el año 2005 quedé embarazada de mi segunda hija Natalia”, fueron las palabras de Alexandra Ramos, quien es parte del equipo de líderes de la iglesia de Miami. “Cuando fui al control de los tres meses, el médico detectó algo negativo en mi bebé: Los hemisferios de la cabeza de la bebé estaban más grandes de lo normal.

En ese momento experimenté la mayor batalla de fe. Me encontraba frente a dos opciones: O creer a las promesas de Dios, o a los dictámenes del doctor que diagnosticaba que mi hija nacería con síndrome de Down. Al recibir la noticia lo único que hice fue aferrarme completamente a Dios. Empecé a asistir a todos los servicios de la iglesia, a la célula, y a las intercesiones.

A los siete meses de embarazo me remitieron al hospital para hacerme una amniocentesis y así estudiar el por qué de la deformación; recuerdo que yo le pedí a la doctora que me hiciera nuevamente una ecografía, pues sabía que mi hija estaba sana. Cuando ella me examinó llamó a la enfermera y le dijo que había un error, que mi bebé estaba completamente normal. Fue en ese momento que mi esposo entregó su vida totalmente a Dios, y a través de ese milagro entramos en otro nivel de fe. Dios es fiel y Él sí cumple todas Sus promesas».

El sueño de Dios dado a alguien, por lo general va acompañado de fe, de paciencia y de perseverancia. Las personas que reciban ese sueño, y se aferren a él, este se convertirá en una poderosa ancla que los mantendrá firmes en tiempos de adversidad. Pues cuando es el sueño de Dios se logra alcanzar el éxito, mas cuando es el sueño del hombre, éste queda sumergido en las tempestades de la vida. José soportó todo tipo de prueba y venció, porque jamás quitó sus ojos de su objetivo.

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29 MAYO · LA FE TRIUNFA SOBRE LA LÓGICA

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