Uno de los pastores de nuestro ministerio me compartió una de las experiencias que vivió año y medio atrás, cuando le descubrieron un cáncer maligno en el colon. “Lo único que pensé en ese momento” – dijo él – “fue aplicar la sangre de Cristo sobre mi vida y no aceptar ningún decreto de muerte; ya los médicos hablaban de enfermedad “catastrófica”, quimioterapia, etc. Estuve cinco días hospitalizado y la mayor lucha fue el último día, el enemigo hablaba a mi mente diciendo que me iba a morir pero en un momento el Espíritu Santo trajo a mi corazón el pasaje de la victoria obtenía por David al pelear contra Goliat.

El gigante era la enfermedad, ese cáncer, y tenía que ser derrotado. Cuando me intervinieron y sacaron el tumor fue la caída de ese gigante, pero faltaba aún cortarle la cabeza, esto era el dictamen final que debía esperar de parte de la patología para haber si quedaba algo en los ganglios.

Comencé a confesar el poder de la sangre de Cristo y a aplicarla sobre mi vida y sobre los estudios que se estaban realizando. Gracias a Dios, al recibir la noticia el resultado fue negativo y una gran sorpresa para los médicos a tal punto que uno de ellos exclamó: “Definitivamente el Señor está con ustedes”.

Doy gracias a Dios por Su amor tan grande y por darme la oportunidad de continuar con vida, puedo confesar con todo mi corazón que por la Sangre de Jesús toda artimaña del enemigo para cortar mi vida fue desbaratada y Su bendición me ha alcanzado».

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29 JUNIO · LA BENDICIÓN DE ESPERAR

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