Vivimos en un mundo donde la inmundicia del infierno quiere salpicar nuestra vida; pero al andar en luz y tener comunión con otros cristianos, la Sangre de Jesús mantiene un proceso de purificación y santificación en nosotros que impide que la mancha del pecado toque nuestro corazón. Él mantendrá nuestras vestiduras limpias, conforme a lo dice en Eclesiastés: “En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza” (Eclesiastés 9:8).

Dios puede guardarnos en completa pureza siempre, pero esto será el resultado de andar en la luz y en obediencia a Su Palabra. Si tenemos comunión o armonía con nuestros hermanos, la Sangre de Jesús nos mantendrá en completa pureza. De tal manera que podemos decir: “Porque ando en la luz y tengo comunión con mis hermanos, la Sangre de Jesús me está limpiando ahora y continuamente de todo pecado”.

El poder de la Sangre de Jesús puede mantener nuestras vidas limpias en todo momento. En cierta ocasión me encontraba en un restaurante muy lujoso en Brasil y de pronto mi chaqueta se manchó con grasa de la comida; en ese instante, el mesero que se dio cuenta, llegó con un poco de agua con gas y una servilleta de tela y simplemente la aplicó donde estaba la mancha y ésta desapareció. Me hizo pensar que hay momentos en la vida donde nuestras vestiduras se pueden manchar, pero siempre la Sangre de Jesús estará lista para limpiar cualquier mancha que hayamos recibido. Todo lo que debemos hacer es aplicarla.

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