En Apocalipsis, cuando Juan tuvo la visión del trono de la gloria de Dios, dice que todos en el cielo se postran, le adoran y dicen a Dios que Él es Santo, Santo, Santo. ¿Por qué se nombra tres veces la santidad de Dios? Porque Dios es Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Continuamente los serafines dicen: “Santo, Santo, Santo es el Señor”; en ese momento de adoración, se quitan sus coronas y las rinden ante la presencia de Dios.

Lo mismo sucede cuando somos confrontados con la pureza, la majestad y la santidad de Dios, rendimos nuestro ministerio, nuestro trabajo, nuestros títulos y triunfos a los pies de Jesús. Cuando uno adora la santidad de Dios, la atmósfera espiritual se transforma en un ambiente de paz y la gloria divina inunda el lugar.

Al ser confrontados con la santidad de Dios, nuestro corazón se rinde totalmente a Él y nuestro espíritu se abre para escuchar Su voz. Sin importar la condición en que nos encontremos, al recibir el amor del Padre somos transformados a Su semejanza.

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29 AGOSTO · VÍSTETE DE ALABANZA

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