29 DE JULIO · EL DESPERTAR DEL SEÑOR

Lydia Christensen Prince nació en el norte de Dinamarca, fue la menor de cuatro hermanas de una familia adinerada. Se convirtió en maestra en el sistema educativo danés y fue pionera en el campo de economía doméstica. A la edad de 35 años, fue contratada como directora de ese departamento en la ciudad de Korsor, y se convirtió en un modelo para todo el sistema educativo Danés.

Buscando el significado de su vida, comenzó a leer la Biblia y recibió una visión de Jesucristo que la llevó a ser salva y a recibir el bautismo en el Espíritu Santo. Al poco tiempo se bautizó en agua, entendiendo que eso era el sepelio de su antigua manera de vivir y el inicio de una nueva vida que Dios tenía preparada para ella.

Después de meses de sincera oración y esperar en Dios, se convenció de que Dios le estaba pidiendo que dejara su lugar como maestra y que viajara a Jerusalén, en la difícil época anterior al nacimiento del estado de Israel. Siendo obediente al llamado de Dios, dejó todo lo que tenía, incluyendo a su familia, su novio, su profesión y la herencia que su padre le había dejado, y viajó con 200 USD, sin ninguna organización patrocinándola y sin ningún plan de qué hacer una vez llegara a su destino.

Se estableció pronto allá, aprendió árabe y fundó un orfanato, convirtiéndose en la amada “madre” de decenas de huérfanos judíos y árabes, principalmente niñas, de las cuales adoptó a ocho que se convirtieron en sus hijas. También compartió el evangelio a mujeres árabes y posteriormente a soldados británicos que visitaban Jerusalén durante la segunda guerra mundial. Durante este tiempo conoció a Derek Prince, quien se convertiría en su esposo, y junto a quién sirvieron al Señor en Israel, Inglaterra, África, Canadá y Estados Unidos.
La vida de Lydia cambió radicalmente cuando decidió bajar a las aguas del bautismo. Eso significó morir a su antigua manera de vivir, pero también nacer a una nueva (y mejor) vida que Dios tenía preparada para ella.

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