Dios nunca nos entrega grandes responsabilidades si primero no tiene la certeza de que somos capaces de asumirlas. Cuando David era joven, por ser el hijo menor de la familia, le confiaron un trabajo que para sus hermanos no era agradable. Sin embargo, él lo asumió como la gran oportunidad de Dios para su vida y dispuso su corazón haciendo todas las cosas para glorificar al Señor.

Su primera responsabilidad consistía en pastorear unas pocas ovejas que le pertenecían a su padre, lo cual implicaba responder por si llegaba a pasarle algo a alguna de ellas. Esto lo llevó a pasar noches enteras sin dormir, protegiéndolas de cualquier peligro que pudiera presentarse. Fue así como David se armó de valor para enfrentarse a las fieras del campo, se entrenó peleando contra osos y leones, resultando siempre victorioso.

En ese pequeño lugar donde David pasó varios años de su vida, Dios le mudó el corazón, forjando en él un corazón valeroso. Por tal motivo, cuando David vio que un gigante de los filisteos desafiaba a los escuadrones del ejército de Israel, decidió enfrentarlo. Su pensamiento era: “Si Dios me ha librado de las fieras, también me librará de este gigante”.

David desconocía el temor, por eso, cuando lo vio, no se impresionó por el tamaño que este hombre tenía, no se sobresaltó por la armadura que cargaba ni se asustó por la lanza que ostentaba.

David sabía que quien estaba con él era el Gigante de gigantes; por eso le dijo que aunque viniera con espada, con lanza, con jabalina, él venía en el Nombre del Dios de Israel al que aquel gigante había desafiado. David sabía que usar el Nombre del Señor, era invitarlo a Él a participar en esta pelea contra el provocador filisteo.

Jesús dijo que aquellos que creyéramos en Su Nombre, echaríamos fuera los demonios. Cuando usted usa el Nombre de Jesús, no es quien pelea sino que se hace a un lado y el Señor pelea por usted. Satanás tiembla cuando escucha el Nombre de Jesús.

Es por eso que el Señor dijo: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis 12:11).

No importa cuál sea el gigante que usted tenga que enfrentar, hágalo en el Nombre de Jesús, usando la Sangre de Cristo y declarando el poder de Dios.

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28 MAYO · LAS PEQUEÑAS RESPONSABILIDADES

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