Un día, cuando mi segunda hija Manuela tenía nueve años, recibí un llamado de mi suegra al finalizar una de las reuniones dominicales. Manuela había estado hospedándose con sus abuelos durante el fin de semana, y el llamado era para comunicarnos que la niña se encontraba muy enferma.

Inmediatamente la llevamos al hospital. Al realizarle los exámenes, los médicos descubrieron que tenía artritis juvenil degenerativa y dijeron que debían dejarla hospitalizada. Pero yo sabía que por ser un hijo de Dios ningún mal podía tocar a ningún miembro de mi familia. Sostuve a Manuelita entre mis brazos y le dije: “Manuelita, el Dios del cual somos y al cual servimos, te sanará, pues fue algo que Él ya hizo, y la enfermedad no podrá tocar tu cuerpo”. Luego impuse mis manos sobre ella y reprendí el espíritu de enfermedad en el Nombre de Jesús. Luego salí para traerle la ropa que ella requería para su estadía en la clínica. Y cuando regresé, ella se sienta en la cama y automáticamente dio un salto para ir al baño, luego reacciona y me dice: “Papi, no me dolió, el Señor me sano”. Al día siguiente vinieron a examinarla nueve médicos, incluyendo una doctora que es una eminencia en esta clase de enfermedades y tiene su responsabilidad a nivel nacional.

Ninguno de ellos podía comprender lo que había sucedido, ya que los exámenes declaraban una cosa pero la reacción del cuerpo de la niña demostraba que no tenía absolutamente nada.

Y esta doctora dijo: no me explicó porque los laboratorios emiten este tipo de conceptos, porque esta niña no tiene absolutamente nada. En la actualidad, Manuelita es la líder de danzas de la iglesia. Además tiene el don para enseñar la Palabra, y ha logrado levantar un precioso grupo de líderes que son sus discípulos y, además, tiene el don de la fe. Debemos entender que todo lo que el enemigo piensa para nuestro mal, el Señor lo transforma en bien.

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28 FEBRERO · LA FE TRANSFORMA LAS CIRCUNSTANCIAS

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