28 DE JUNIO · PODEMOS TENER UN HOGAR FELIZ

Quien visita la Antártida no deja de sorprenderse por el encanto que ofrece el lugar. Sus habitantes más sencillos son objeto de mucha admiración y protagonistas de grandes leyendas:

Se cuenta que cuando el pingüino joven busca esposa se para en la roca más alta de la pingüinera y comienza a llamar con un canto que sólo ellos conocen. Cuando llega una hembra, que está dispuesta a aceptar su amor, trae en su pico una piedrecilla, que arroja al lado del joven pingüino. Si este no la acepta, lo indica insistiendo con su canto, tratando de llamar a otra. Su indiferencia la demuestra a través de su constante llamado. Pero, si aparece una hembra que le agrade, la que es perfecta para él, deja de llamar, recoge con el pico la piedrecilla que ella ha arrojado y juntos se van a formar su hogar.

Lo interesante es que su amor permanece para siempre, ya que cuando uno de ellos muere, el otro se embarca en un témpano y se retira para siempre sumido en una gran tristeza.

El amor de dos seres que se unen para formar un hogar ha de ser inseparable como lo son el amor de Cristo por Su iglesia.

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