28 DE DICIEMBRE · VIVIENDO EN BENDICIÓN

La vida es una hermosa carrera, una carrera donde el bien y la misericordia de Dios nos alcanzarán. Cuando Susan se enteró que estaba embarazada, se preocupó mucho, pues hacía dos años que había superado la barrera de los 40 años y era consciente de los riesgos que entrañaba su embarazo. Aunque vivía en Estados Unidos, donde es permitido el aborto, como cristiana comprometida desechó las insistentes voces de sus amigos y junto con su esposo Michael confiaron el embarazo al Señor.

Kenneth nació aparentemente como un niño normal, sin embargo, las conclusiones del pediatra fueron contundentes: había nacido con Síndrome de Down, aunque no presentaba los típicos rasgos “mongoloides” que conlleva los que sufren este mal. Desde ese día sus padres decidieron darle todas las estimulaciones y esfuerzos para que pudiera valerse por sí mismo, además de una fe en Dios y en su Palabra. En la escuela especial, conoció a Benny que se convirtió en su compañero de aventuras y juntos destacaban entre el resto de los niños. Fueron creciendo y ambos se convirtieron en jóvenes atléticos generosos. La disciplina con la que los formaron les permitió entrar en el equipo de atletismo para las Olimpiadas Especiales de Atlanta.

No les fue difícil clasificar los 100, 200 y 400 metros. El día de las competencias, mientras los padres de Kenneth lo observaban expectantes desde las gradas, él hizo una oración, corrió con todas sus fuerzas, ganando así los 100 metros. En los 400 metros, salió en primer lugar y se mantuvo así hasta la recta final, sin embargo, a pocos metros de la meta se detuvo y se retiró de la pista ante el asombro de la multitud.

Sus padres le preguntaron cariño: “¿Por qué hiciste eso, Kenneth? Si hubieras seguido, ¡habrías ganado otra carrera y por lo tanto otra medalla!”. -“Pero, mamá -contestó Kenneth con inocencia-, “yo ya tengo una medalla; en cambio ¡Benny, todavía no tiene ni una!”.

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