“Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).

Una de las más grandes batallas que tiene que librar el ser humano está en su propia mente, pues es allí donde se forja lo bueno y lo malo: la paz y la guerra; el amor y el odio; la fe y la duda, sólo por mencionar algunas. Detrás de un pensamiento, está una personalidad que lo genera; sin embargo, es importante aclarar que dicha personalidad en sí es un ser espiritual. Si el pensamiento es correcto proviene de Dios, inspirado a través de Su Palabra. Pero si el pensamiento es incorrecto, proviene directamente del adversario, conocido como el dios de este siglo.

Los pensamientos son como semillas, unas son buenas y otras son malas; razón por la cual Jesús dio la parábola del sembrador, donde afirmó que la buena semilla cayó en los terrenos incorrectos, y el fruto se perdió, pero cuando cayó en buena tierra el fruto fue del treinta, sesenta y ciento por uno.

Al respecto el Señor dio las características que deben tener aquellos que se consideran ser una buena tierra: “Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia”. (Lucas 8:15).

El termómetro de nuestro corazón son nuestras palabras ya que estas se convierten en la vía de escape de todo lo que acumulamos dentro de él, producido por los pensamientos que permitimos. Nunca olvide que de la abundancia del corazón habla la boca.

El corazón es como un árbol, donde el fruto determina la naturaleza del árbol. Razón por la cual Jesús dijo: “O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol”. (Mateo 12:33).

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27 NOVIEMBRE · EL PODER DEL PENSAMIENTO HUMANO

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