Estaría Jesús preocupado por los peces y los panes que habían sobrado? No; el Señor estaba hablando en modo figurativo, tomando una circunstancia cotidiana para enseñarles verdades eternas. Usó el momento que estaban viviendo para enseñarles de la gran responsabilidad que Dios estaba depositando sobre sus hombros; muchas almas vendrían para que ellos las pastorearan y debían ser diligentes en su labor para que ninguno de los que el Padre les confiara se perdiera.

Jesús vino a buscar y salvar lo que se había pedido. Razón por la cual Él enseñó la parábola de aquella oveja que al salirse del redil se expuso a los peligros del abismo y la muerte; sin embargo, el pastor dejó a sus noventa y nueve ovejas para buscar aquella oveja que se había perdido hasta hallarla.

También enseñó sobre aquella mujer comprometida en matrimonio que tenía que presentar sus diez dracmas completas y, si llegaba a faltar tan solo una, el matrimonio se cancelaría. Una de estas mujeres perdió una dracma, pero en medio de su angustia y desespero fue diligente, buscando por toda su casa y sin descansar hasta hallarla. O la parábola del hijo pródigo que al abandonar la casa de su padre, todo lo perdió; aun así, el padre no perdió la esperanza de que algún día su hijo regresara. Cuando esto aconteció, el padre hizo una gran celebración.

El amor de nuestro Padre es tan grande que no quiere que ni aquellos que han sido desechados por la sociedad se pierdan. Las puertas de Su amor están abiertas para todo aquel que en Él cree para que pueda experimentar su salvación.

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27 JULIO · EL AMOR RESTAURADOR DEL PADRE

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