Lo primero que hagamos en las primeras horas del día, será lo que le dé el rostro al comportamiento de esa jornada de nuestra vida. De igual manera, las primeras cosas que hagamos en los primeros días del año, darán el rostro a todo ese año.

Cuando Jesús inició Su ministerio, lo primero que hizo fue ir a la sinagoga y tomar el rollo para leer Isaías 61, y la primera frase que leyó fue: “El Espíritu del Señor esta sobre mí”. Con ello estaba dando el rostro a Su ministerio. Desde ese momento en adelante, todos los sucesos de Su vida, estuvieron marcados por esas palabras. Pudo hacer los cuarenta días de ayuno en el desierto porque estaba fortalecido por el Espíritu; pudo enfrentar a Satanás y vencer la tentación, porque el Espíritu le recordaba las palabras que debía responder; descendió en el poder del Espíritu; los milagros y los prodigios lo acompañaron en Su caminar entre la gente.

Durante todo el tiempo de Su ministerio, el Espíritu Santo estuvo con Él. En ningún momento lo abandonó. Al agonizar en la Cruz del Calvario, Jesús dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró” (Lucas 23:46).

Jesús murió y resucitó, y luego se apareció a los discípulos, entonces les dijo: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos…” (Hechos 1:8). Estas palabras fueron las últimas que Él pronunció antes de ascender a los cielos, dejando así el camino trazado para que la iglesia se moviera en la dimensión del Espíritu con señales, maravillas y prodigios, tal como Jesús lo había hecho. Esas palabras que el Señor dio a Sus discípulos, fueron palabras de esperanza y motivación pues, así como el Espíritu lo había acompañado a Él en todo Su ministerio, también lo haría con ellos.

Debían hacer lo mismo que su Señor había hecho, es decir, dejarse guiar por el Espíritu Santo. El Señor Jesús dijo: “Recibiréis poder”, que en el griego es “dunamis” y significa dinamita. El poder es la dinamita de Dios operando a través de nosotros. Dios nos dio el poder de abrir los cielos y de cerrarlos, de atar los poderes demoníacos y doblegarlos, de cerrar las puertas de la ciudad para impedir que las fuerzas del mal entren a nuestra nación, de transformar las circunstancias positivamente.

Porque el Espíritu que mora en nosotros es el que moraba en Jesús y es el mismo que operó en la creación del mundo. Sólo debemos creerlo y disponer nuestras vidas para recibirlo.

declaracion27agosto

verso27agosto

oremos16junio

27 AGOSTO · ¿QUIÉN PILOTEA TU VIDA?

|

2 comentarios