27 DE JUNIO · DESATANDO EL NUDO

Un sabio paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Llegando, constató la pobreza del sitio: la casa era de madera y los habitantes una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado. El sabio se acercó a quien parecía ser el padre de familia y le preguntó: “En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni tampoco puntos de comercio, ¿cómo hacen para sobrevivir aquí?”. El señor calmadamente respondió: “Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada y otros alimentos para nuestro consumo, y es así como vamos sobreviviendo”.

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En medio del camino, volteó hacía su discípulo y le ordenó: “Busque a la vaquita, llévela al precipicio y empújela al barranco”. El discípulo, sin comprender muy bien, fue a cumplir la orden y empujó la vaquita por el precipicio. Aquella escena quedó grabada en la memoria del joven aprendiz durante algunos años. Mucho tiempo después, en otra visita al lugar, el discípulo se encontró nuevamente con el señor, impresionado por ver toda la prosperidad que le rodeaba, le preguntó: “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?”.

El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora”. ¡Algunas circunstancias que parecen desfavorables son la puerta que Dios quiere usar para bendecirte!

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