27 DE JULIO · EL PODER DE LA LIBERACIÓN

Vengo de un hogar de alcohólicos, mi padre lo era y eso acarreó muchos problemas. Al ver desde muy temprana edad que él bebía, comencé a ingerir cerveza desde los 8 o 9 años. El alcoholismo llevó a mi padre al adulterio, a tener otro hogar, otros hijos, a tener problemas financieros, a golpear a mi madre y a ser un muy mal ejemplo.

A los doce años él me dijo: “Hijo ya no puedo pagarte más tus estudios, haz tu vida”. Empecé a trabajar recién terminé mi primaria, esperando el primer salario para irme a beber. A esa edad pensaba que lo mejor que le podía suceder a un hombre era estar bebiendo a toda hora.

Dios me regaló una mujer muy hermosa, buena, fiel y misericordiosa, pero lamentablemente a los quince días de casados comencé a vivir lo que había dicho que nunca haría; comencé a beber, a quedarme fuera del hogar, a tener otras mujeres y frecuentar sitos nada correctos para un hombre casado.

Las personas que se encuentran atrapadas en un vicio pierden sus valores, la responsabilidad, el amor, la autoestima, en realidad lo pierden todo. El alcohol me tenía dominado.

“Debido a los problemas, busqué ayuda psicológica, gracias a Dios di con una psicóloga cristiana, cuando se enteró que mi nombre era Jesús, comenzó a declarar que Dios tenía un propósito para mi vida. Fue así que el Señor comenzó la restauración de nuestro hogar. Él me liberó del vicio del alcoholismo, cambió mi vida, me enseñó a ser un buen padre como lo es Él y hoy todos juntos servimos a Dios proclamando que lo que el Señor hizo en nuestro hogar, puede hacerlo en el de todos aquellos que le creen”.

Pastor Jesús Villarraga

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