Solamente la Biblia contiene los principios que pueden hacer sabio al hombre, operando una profunda transformación en todas las áreas de su vida. El Señor dijo a Sus discípulos que la Palabra que Él les había hablado los había hecho limpios. Por lo tanto es primordial tener una buena disposición para recibir la Palabra de Dios a través de la lectura de las Escrituras.

Dios se comunica con nosotros a través de las Escrituras, es por esto que encontramos pasajes específicos que se convierten en una llave que abre el corazón y el entendimiento. Nos permiten comprender que se trata de la voz del Señor hablándonos directamente. Sus palabras se convierten en espíritu y vida para nosotros.

San Agustín, por ejemplo, era un borracho antes de convertirse al cristianismo; tenía un sinnúmero de defectos. Pero un día encontró el siguiente texto que lo marcó y transformó su visión de la vida: “…es hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz” (Romanos 13:11,12). Hace también referencia a la finalización del tiempo de borracheras, glotonerías, excesos de uno u otro tipo. Ese hombre lleno de vicios, quien fue reconocido tiempo después como San Agustín, comprendió que debía dejar el alcohol, la vida de pecado, para volverse a Jesucristo.

¿Cómo lograr el mismo efecto en nuestra vida? El Apóstol Pedro dice: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:1·2).

Para desear la Palabra de Dios y anhelarla en el corazón, primero tenemos que arrancar y desechar toda malicia. Se entiende por “malicia” toda maquinación asociada a conductas contrarias al propósito de Dios, se relaciona con el engaño que, a su vez, va ligado a la mentira. Esto puede ser erradicado de nuestra vida cuando acudimos a la bendita Palabra de Dios, tomándola como una guía personal.

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26 JULIO · ¿QUIÉN TIENE LA LLAVE DE SU CORAZÓN?

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