26 DE ENERO · FIEL SOLDADO

Un soldado volvió de la Primera Guerra Mundial, con el rostro muy desfigurado, estaba desanimado y amargado. Un día un cirujano plástico acepto el compromiso de restaurar su desfigurado rostro, aquel hombre dijo que no quería parecerse a como era antes. Y le preguntó al médico si le podía arreglar la cara, en forma semejante al cuadro de Jesús que colgaba en su pared.

El médico convino en ello. Cuando los vendajes fueron quitados, el joven vio un rostro sorprendente, semejante al del divino maestro. Entonces decidió: “Siendo que me parezco a él, solo hay una cosa para hacer. En mi vida debo llegar a ser semejante a Jesús”.

Posiblemente la vida lo ha golpeado muy duro, pero lo que Jesús conquistó en la Cruz es lo que nos restaura y nos fortalece.

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