El Espíritu Santo es tan real como Jesús. Aunque Su ministerio terrenal tuvo una corta duración, solo tres años y medio, el Señor Jesús dejó un camino preparado para que la iglesia estuviera apta para recibir al Espíritu Santo cuando viniese, lo que aconteció en el día del Pentecostés.

Desde ese instante, Él se ha convertido en el eje principal de la iglesia. Como el ser humano es muy dado a caer en oraciones monótonas que carecen de poder, el Espíritu de Dios ha venido en nuestra ayuda y al entregarle el control total de nuestra vida es cuando nuestro nivel de oración adquiere otra dimensión.

Cuando logra entrar en intimidad con Dios y anhelar profundamente Su presencia, el Espíritu del Señor lo llevará a un nivel de nuevas experiencias. Podrá entender cuál es el designio divino para su vida; su oración será con propósito, pues sabrá cómo interceder. De igual manera, recuerde que solo en el lugar secreto donde su corazón será transformando por Dios.

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26 DICIEMBRE · ANHELAR SU PRESENCIA

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