Dios quiere prosperarnos como un acto de gracia, lo único que Él desea es que lo tengamos presente en cada uno de nuestros sueños. Salomón lo expresó al decir: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Proverbios 3:5·10).

Cuando Dios se hastía del pecado de la gente, permite un juicio que hace que las finanzas se derrumben en muy corto tiempo. Sin embargo, la bendición de Dios siempre es integral y cubre todas las áreas de nuestra vida: Espiritual, física y material, dentro de la cual está el área económica.

El Apóstol Juan escribió: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 1:2).

Por ser hijos de Dios, somos cobijados, cubiertos con Su bendición. El corazón de Dios jamás es mezquino o tacaño. Dios da todas las cosas a Sus hijos en abundancia. El Apóstol Pablo dijo: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los hombres; su justicia permanece para siempre” (2 Corintios 9:8·9).

El Señor nos da todas las cosas para que tengamos abundancia. “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).

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26 ABRIL · SEREMOS SACIADOS DEL BIEN DE SU CASA

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