26 DE OCTUBRE · LA VISIÓN DE DIOS PARA MÍ

Oía una y otra vez estallidos de carcajadas. El vuelo era turbulento y agitado, lo que no era razón alguna para el humor. Pero alguien detrás de mí se desternillaba de la risa. Nadie más, solo él. Finalmente me volví para ver qué era tan cómico. Tenía puestos unos audífonos, y evidentemente estaba oyendo alguna comedia. Pero debido a que nosotros no podíamos oír lo que él estaba oyendo, actuábamos de forma diferente.

Lo mismo era con Jesús. Debido a que Él podía oír lo que otros no podían, actuaba en forma diferente a la de ellos. ¿Recuerda cuando todo el mundo estaba preocupado por el hombre que había nacido ciego? Jesús no. De alguna manera Él sabía que la ceguera revelaría el poder de Dios (Juan 9.3).

¿Recuerda cuando todo el mundo estaba afligido por la enfermedad de Lázaro? Jesús no. En lugar de acudir apresuradamente al lado de la cama de su amigo, dijo: – Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios (Juan 11.4). Fue como si Jesús pudiera oír lo que nadie más podía. ¿Qué relación puede ser más íntima que aquella? Jesús tenía una comunión ininterrumpida con su Padre.

¿Supone usted que el Padre desea lo mismo para nosotros? Claro que sí. Pablo dice que hemos sido predestinados para ser – hechos conforme a la imagen de su Hijo- (Romanos 8.29). Permítame recordarle: Dios le ama tal como usted es, Él quiere que usted sea como Jesús, Dios desea tener con usted la misma permanente intimidad que tenía con su Hijo. Su anhelo es que usted se involucre de todo corazón en la redención de su nación.

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