26 DE JUNIO · EL ESPÍRITU QUE MORA EN MÍ

Nos encontrábamos en Seúl, Corea, en el año de 1995, en el congreso mundial de iglecrecimiento que preside el Dr. Cho. Mientras estábamos en una de las reuniones del domingo, mi esposo tuvo una visión: sus ojos espirituales se abrieron y vio al pastor Cho con la indumentaria de un atleta, corriendo en medio de una pista de atletismo, con una antorcha encendida en su mano derecha, después, el Doctor Cho se dirigió hacia mi esposo, que estaba cerca de la pista y le entregó la antorcha.

Ya con la antorcha en su mano, el Espíritu Santo le dijo: “Hijo, te estoy entregando la antorcha de la multiplicación”. Esa experiencia nos ubicó en el propósito divino. Pues entendimos que debíamos enfocarnos en el trabajo celular. Hasta ese momento solo teníamos mil doscientas células. Al regresar a Bogotá reunimos el liderazgo y les trasmitimos la experiencia que mi esposo había tenido. Todos recibieron con mucha alegría el mensaje, pero también se llenaron de fuerza de conquista y aceptaron el nuevo desafío que les compartimos. En cuestión de seis meses ya habíamos logrado el noventa por ciento de las metas de crecimiento establecidas.

Pastora Claudia de Castellanos

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