“El temor del hombre pondrá lazo; mas el que confía en Jehová será exaltado” (Proverbios 29:25).

La manera de guardar nuestro corazón, es no permitir ninguna clase de pensamientos impuros, negativos o incorrectos; por lo general lo que la persona tiene atesorado en su corazón, lo confiesa con sus palabras. Detrás de un pensamiento siempre está una personalidad que es la que lo produce. Si el pensamiento es bueno, entonces este proviene de Dios.

El liderazgo de Israel quedó dividido cuando diez de los doce espías quitaron los ojos de las promesas dadas por Dios y miraron las circunstancias. Su negativismo se propagó como una plaga afectando gran parte del pueblo. Fue así como Dios tuvo que intervenir rápidamente trayendo juicio sobre cada uno de los líderes impíos, y quitando de en medio a todos los que se habían dejado contaminar.

Josué y Caleb, quienes tuvieron un espíritu diferente, lleno de fe y conquista, recibieron la promesa de heredar la tierra prometida, siendo de igual manera exaltados por Dios dentro del liderazgo. Lo que hizo diferente a Josué y Caleb del resto de los espías, fue su manera de pensar. Con base en su ejemplo, debemos tener en cuenta ciertos elementos que nos llevarán a tener una mente conquistadora.

Los pensamientos de fracaso tienen el propósito de destruirlo, quitarle la fe, la esperanza, para que no tenga el ánimo de hacer la obra de Dios. Un pensamiento de fracaso conlleva a la depresión y hace sentir a la persona miserable, trayendo la sensación de que todo lo que hizo no tuvo ningún sentido y el único camino que le queda es morir.

Los diez espías dejaron que sus mentes fueran abrigadas por pensamientos de fracaso cuando dijeron: “No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros” (Números 13:31 b).

Un pensamiento de fracaso siempre le hace ver a la persona las imposibilidades, hace ver cualquier circunstancia como un gigante. Por el contrario, los pensamientos de Dios siempre conducen a la prosperidad. El proverbista dijo: “Los pensamientos del diligente conllevan a la abundancia” (Proverbios 21:5), una persona que piensa diligentemente nunca mira el fracaso y siempre está observando la manera de alcanzar el éxito. Sabe que si Dios está con él, podrá conquistar todas las metas que se determine; comprende específicamente que el Señor y él ya son una gran mayoría.

declaracion25nov

verso25nov

temasoracion6sept

25 NOVIEMBRE · EL PREMIO POR VENCER EL TEMOR

|

3.106 comentarios