Dios anhelaba encontrar a alguien que fuera un instrumento en Sus manos para llevar redención a la humanidad, mas ningún hombre llenaba los requisitos. Un día el Señor encontró a una mujer llamada María, para darle Su mensaje envió a uno de Sus ángeles predilectos llamado Gabriel, él le dijo: “¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres…. María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS” (Lucas 1:29·31).

María encontró el favor de Dios porque era virgen, lo cual representa una vida de santidad. Ella se determinó a vivir en la Palabra de Dios; era una persona de ejemplo que siempre hablaba con la verdad; tenía un brillo especial por su pureza, era una joven íntegra, una carta abierta leída por todo el mundo.

Lo primero que usted debe hacer para concebir el sueño de Dios es santificarse. No puede vivir una doble vida, debe ser una persona auténtica, y esto se logra por medio de una genuina conversión. Es como si usted tiene un vaso sucio que lo ha dejado en su carro por meses, y de pronto lo saca para servirse agua fresca. ¡Nadie haría algo así!

El Señor desea tomar su vida y limpiarla, hacerlo libre de toda culpabilidad que haya venido por causa de su pasado, de todo vicio y pecado que le ha manchado. Su mente se santifica cuando lee la Palabra de Dios, ella es como agua que purifica sus pensamientos. Debe determinarse a vivir en santidad y esto se logra por medio de la revelación de la Cruz.

Lo segundo que debe tener es un corazón de intercesor. Intercesión nos habla de intimidad, de un tiempo especial en el lugar santísimo junto al Padre; sólo podemos llegar allí por medio de la Sangre de Jesús. Pídale al Señor que abra sus ojos espirituales, para que en esos momentos de quietud, usted pueda escuchar Su voz; Él le va a mostrar el camino por donde debe andar y cómo tener un corazón conforme al de Dios.

Lo tercero que debe hacer es desatar ángeles para que el temor salga de su vida y venga protección sobre sus sueños (Mateo 1.20). El temor hace que los sueños de Dios sean abortados del corazón, pero lo opuesto al temor es la fe y ella dice que Dios protegerá y guardará todo cuanto le pertenece. Nuestra función es como la de José, debemos proteger a todos aquellos que han sido engendrados del Espíritu Santo.

Lo cuarto es orar para que las profecías se cumplan. El ángel visitó a María cumpliendo lo que se había escrito y profetizado hacía muchos años. En intercesión, lleve delante de Dios cada una de las promesas que Él ha dado a su vida, a su familia y a su ministerio. Declare que este es el tiempo de verlas cumplidas.

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25 JUNIO · EL SUEÑO DE DIOS EN USTED

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