25 DE JUNIO · ATRÉVASE A HABLAR CON FE

¿Se puede usted imaginar cómo se siente alguien que en su niñez fue abusado por alguien en quien él confiaba? Eso fue lo que experimentó Esteban, a quien mi esposo tuvo que atender para guiarlo a su liberación. Estas fueron sus palabras: “Crecí en un hogar cristiano. Mi vida transcurría con normalidad hasta que empecé a tener luchas en mi área moral, me avergonzaba lo que vivía y a diario padecía la condenación constante del enemigo puesto que había sufrido de abuso tras depositar mi confianza en alguien cercano.

Después de muchos años de vivir esta situación, y en el momento más crítico de mi vida, decidí confesar lo que estaba viviendo, sabía que mantenerlo oculto no me permitiría ser libre nunca, ni salir de la cautividad en la que me encontraba. Decidí acercarme al Pastor Castellanos y contarle mis luchas. Él me llevó a entender el Salmo 34: “Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados. Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias” (vs 5-6).

Entendí que si me refugiarme completamente en Dios, Él me libraría de las garras de la angustia y el dolor que produce el pecado; pude comprender que en mi corazón no podían estar sentados el Dios del amor y el dios del temor. El temor trae consecuencias de castigo, mientras que el perfecto amor reprende todo temor (1 Juan 4:18).

Hoy doy gracias a Dios por la obra de Su hijo Jesús en la Cruz y a diario disfruto del amor del mejor Papá del mundo”.

Pastora Claudia de Castellanos

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